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Saturday, January 01, 2005
Carta de Leopoldo Lugones a Emilia Cadelago

 Las cartas a su amante, revelan una parte de la vida de Leopoldo Lugones desconocida. Estas cartas de amor, enviadas a Emilia Cadelago, "Aglaura", fueron entregadas por ella a Maria Inés Cardenas de Monner Sans, amiga personal, designada su albacea literaria. Puedes encontrar un artículo de Jorge Boccanera aquí

Mi dulzura: te escribo en mi papel ordinario de periodista, porque efectivamente, soy redactor del diarito donde ha creído reconocerme mi princesa, hasta que encuentre otro menos crujidor como el que tú empleas, mi alma, y que para mayor delicia me llega ahora con la caricia de tus piecitos adorados.  Cuánto lo besé y con qué ansia amorosa lo rugió mi pantera...
(fragmento)



Posted at 12:30 pm by JD
 

 
Friday, December 31, 2004
Miedo, por Alfonsina Storni


Aquí, sobre tu pecho, tengo miedo de todo;
estréchame en tus brazos como una golondrina
y dime la palabra, la palabra divina
que encuentre en mis oídos dulcísimo acomodo.

Háblame de amor, arrúllame, dame el mejor apodo,
besa mis pobres manos, acaricia la fina
mata de mis cabellos y olvidaré, mezquina,
que soy, ¡oh cielo eterno!, sólo un poco de lodo.

¡Es tan mala la vida! ¡Andan sueltas las fieras!...
Oh, no he tenido nunca las bellas primaveras
que tienen las mujeres cuando todo lo ignoran.

En tus brazos, amado, quiero soñar en ellos,
mientras tus manos blancas suavizan mis cabellos,
mientras mis labios besan, mientras mis ojos lloran.


Posted at 07:42 pm by JD
 

 
Thursday, December 30, 2004
Oración, por Juan Gelman

Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una con mi sangre.
Tu boca entre a mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar.
Caigas entero en mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
Ardeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñame tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito
Que ya no puedo así , con esta sed
quemándome.

Con esta sed quemándome.

La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos.


Posted at 03:38 pm by JD
 

 
Wednesday, December 29, 2004
La otra Helena de Troya

En la película Troya, de reciente factura, existen inexactitudes, como en toda adaptación para cine. Lo más criticable es la ausencia de magia, sí presente en la obra de Homero, en la que los dioses interactúan con los humanos y existen semidioses. La segunda diferencia objetable es la falta de matices, hay buenos o malos, ruines o héroes. En la obra de Homero se muestran seres reales, con fallas y virtudes, momentos de flaqueza y de valor. En la película la única "diosa" que aparece es Tetis, madre de Aquiles, pero parece una actriz de segundo orden, no una diosa.
Este fragmento de la Iliada muestra una Helena distinta a la de la pantalla, interactuando con la diosa Iris, mensajera celeste, y con Príamo, padre de Paris/Alejandro. Puedes bajarte La Iliada aquí

(...)121 Entonces la mensajera Iris fue en busca de Helena, la de níveos brazos, tomando la figura de su cuñada Laódice, mujer del rey Helicaón Antenórida, que era la más hermosa de las hijas de Príamo. Hallóla en el palacio tejiendo una gran tela doble, purpúrea, en la cual entretejía muchos trabajos que los troyanos, domadores de caballos, y los aqueos, de broncíneas corazas, habían padecido por ella por mano de Ares. Paróse Iris, la de los pies ligeros, junto a Helena, y así le dijo:
130 -Ven acá, ninfa querida, para que presencies los ad­mirables hechos de los troyanos, domadores de caballos, y de los aqueos, de broncíneas corazas. Los que antes, ávidos del funesto combate, llevaban por la llanura al luctuoso Ares unos contra otros, se sentaron -pues la batalla se ha suspendido- y permanecen silenciosos, reclinados en los es­cudos, con las luengas picas clavadas en el suelo. Alejandro y Menelao, caro a Ares, lucharán por ti con ingentes lanzas, y el que venza te llamará su amada esposa.
139 Cuando así hubo hablado, le infundió en el corazón dul­ce deseo de su anterior marido, de su ciudad y de sus pa­dres. Y Helena salió al momento de la habitación, cubierta con blanco velo, derramando tiernas lágrimas; sin que fuera sola, pues la acompañaban dos doncellas, Etra, hija de Piteo, y Clímene, la de ojos de novilla. Pronto llegaron a las puer­tas Esceas.
146 Allí, sobre las puertas Esceas, estaban Príamo, Pántoo, Timetes, Lampo, Clitio, Hicetaón, vástago de Ares, y los pru­dentes Ucalegonte y Anténor, ancianos del pueblo; los cua­les a causa de su vejez no combatían, pero eran buenos arengadores, semejantes a las cigarras que, posadas en los ár­boles de la selva, dejan oír su aguda voz. Tales próceres tro­yanos había en la torre. Cuando vieron a Helena, que hacia ellos se encaminaba, dijéronse unos a otros, hablando que­do, estas aladas palabras:
156 -No es reprensible que troyanos y aqueos, de her­mosas grebas, sufran prolijos males por una mujer como ésta, cuyo rostro tanto se parece al de las diosas inmortales. Pero, aun siendo así, váyase en las naves, antes de que llegue a convertirse en una plaga para nosotros y para nuestros hijos.
161 Así hablaban. Príamo llamó a Helena y le dijo:
162 -Ven acá, hija querida; siéntate a mi lado para que veas a tu anterior marido y a sus parientes y amigos -pues a ti no te considero culpable, sino a los dioses que promovieron contra nosotros la luctuosa guerra de los aqueos- (...)


Posted at 07:14 pm by JD
 

 
Tuesday, December 28, 2004
Los amantes, por Julio Cortázar

¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos ?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.


Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.


Posted at 04:35 pm by JD
 

 
Monday, December 27, 2004
Lidia, ignoramos... Fernando Pessoa
Está posteado en español primero, en portugués luego...

Lidia, ignoramos. Somos extranjeros
dondequiera que estemos
Lidia, ignoramos. Somos extranjeros
dondequiera que moremos. Todo es ajeno
ni nuestra lengua habla.
Hagamos de nosotros mismos el retiro
donde escondernos, tímidos del insulto
del tumulto del mundo.
¿Qué más quiere el amor que no ser de los otros?
Como un secreto dicho en los misterios,
Sacro sea por nuestro.


Lídia, ignoramos.Somos estrangeiros
Onde que quer que estejamos.
Lídia, ignoramos. Somos estrangeiros
Onde quer que moremos, Tudo é alheio
Nem fala língua nossa.
Façamos de nós mesmos o retiro
Onde esconder-nos, tímidos do insulto
Do tumulto do mundo.
Que quer o amor mais que não ser dos outros?
Como um segredo dito nos mistérios,
Seja sacro por nosso.


Posted at 05:00 pm by JD
 

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