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Monday, November 01, 2004 |
Carta a Antonio, por César Moro
 Te quiero con tu gran crueldad, porque apareces en medio de mi sueño y me levantas y como un dios, como un autentico dios, como el único y verdadero, con la injusticia de los dioses, todo negro dios nocturno, todo de obsidiana con tu cabeza de diamante, como un potro salvaje, con tus manos salvajes y tus pies de oro que sostienen tu cuerpo negro, me arrastras y me arrojas al mar de las torturas y de las suposiciones.
Nada existe fuera de ti, sólo el silencio y el espacio. Pero tu eres el espacio y la noche, el aire y el agua que bebo, el silencioso veneno y el volcán en cuyo abismo caí hace tiempo, hace siglos, desde antes de nacer, para que de los cabellos me arrastres hasta mi muerte.
Inútilmente me debato, inútilmente pregunto. Los dioses son mudos; como un muro que se aleja, así respondes a mis preguntas, a la sed quemante de mi vida.
¿Para qué resistir a tu poder? Para qué luchar con tu fuerza de rayo, contra tus brazos de torrente; si así ha de ser, si eres el punto, el polo que imanta mi vida.
Tu historia es la historia del hombre. El gran drama en que mi existencia es el zarzal ardiendo, el objeto de tu venganza cósmica, de tu rencor de acero.
Todo sexo y todo fuego, así eres. Todo hielo y todo sombra, así eres: hermoso demonio de la noche, tigre implacable de testículos de estrella, gran tigre negro de semen inagotable de nubes inundando el mundo.
Guárdame junto a ti, cerca de tu ombligo en que principia el aire; cerca de tus axilas donde se acaba el aire. Cerca de tus pies y cerca de tu manos. Guárdame junto a ti.
Seré tu sombra y el agua de tu sed, con ojos; en tu sueño seré aquel punto luminoso que se agranda y lo convierte todo en lumbre; en tu lecho al dormir oirás como un murmullo y un calor a tus pies se anudará e irá subiendo y lentamente se apoderará de tus miembros y un gran descanso tomará tu cuerpo y al extender tu mano sentirás un cuerpo extraño, helado: seré yo. Me llevas en tu sangre y en tu aliento, nada podrá borrarme.
Es inútil tu fuerza para ahuyentarme, tu rabia es menos fuerte que mi amor; ya tú y yo unidos para siempre, a pesar tuyo, vamos juntos.
En el placer que tomas lejos de mi hay un sollozo y tu nombre.
Frente a tus ojos el fuego inextinguible.
Alfredo Quíspez Asín, nació en Lima en 1903. Poeta y pintor peruano.
Posted at 08:16 am by JD
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Poema XXXVII, por Emily Dickinson

Corazón, le olvidaremos
en esta noche tú y yo.
Tú, el calor que te prestaba.
Yo, la luz que a mí me dio.
Cuando le hayas olvidado
dímelo, que he de borrar
aprisa mis pensamientos.
Y apresura tu labor
no sea que en tu tardanza
vuelva a recordarle yo.
Posted at 03:01 pm by JD
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Saturday, October 30, 2004 |
Palabras náufragas, por Eduardo Galeano
Por las noches, Avel de Alencar cumplía su misión prohibida. Escondido en una oficina de Brasilia, él fotocopiaba, noche tras noche, los papeles secretos de los servicios militares de seguridad: informes, fichas y expedientes que llamaban interrogatorios a las torturas y enfrentamientos a los asesinatos. En tres años de trabajo clandestino, Avel fotocopió un millón de páginas. Esos documentos eran el confesionario completo de la dictadura militar, que estaba viviendo sus últimos tiempos de poder absoluto sobre las vidas y los milagros de todo Brasil.
Una noche, entre las páginas arrancadas a los archivos militares, Avel descubrió una carta perfumada. La carta había sido escrita diez años antes, pero el perfume del papel no se había desvanecido del todo y el beso que la firmaba estaba intacto. La huella de la boca entreabierta parecía fresca al pie de las palabras.
A partir de entonces, cada vez que encontraba alguna carta, Avel detenía sus trajines ante la máquina fotocopiadora. Descubrió muchas cartas. Junto a las cartas, estaban los sobres interceptados por los funcionarios militares.
El no sabía qué hacer. Mucho tiempo había pasado. Ya nadie esperaba aquellas cartas. Habían sido escritas por personas, habían sido dirigidas a personas, pero ahora eran mensajes de fantasmas a fantasmas. Y sin embargo, Avel no podía leerlas sin sentir que estaba cometiendo una violación. ¿No estaban vivas esas palabras, aunque vinieran desde los muertos y desde los olvidados hacia lugares que ya no eran y personas que ya no estaban? Avel no podía devolverlas a los archivos militares. Era como devolverlas a la cárcel. Intentó romperlas, y se sintió un criminal.
Al fin de cada noche, Avel metía en sus sobres las cartas que había encontrado, les pegaba sellos nuevos y las echaba al buzón del correo.
Posted at 01:02 pm by JD
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Carta de Albert Einstein a Mileva Maric
 Abril de 1898
Querida Fräulein Maric,
Por favor no te enojes conmigo por mantenerme alejado tanto tiempo. Estuve seriamente enfermo, tanto que no me animé a dejar el cuarto. Todavía mis piernas están algo débiles. De todos modos, hoy junté coraje y me aventuré a salir, para dar un paseo. le dije a la señora Bäch que invitara a los huéspedes que lo desearan a una reunión, y deseo que tú estés entre los que vendrán. Pero si no puedes venir, yo te visitaré tan pronto como me sienta suficientemente bien. Y si no soy capaz de salir, esperaré con ilusión tu pronta visita.
Con mis mejores deseos, tu
Albert Einstein
He leído la mitad del libro ya. Lo encontré estimulante e informativo, aunque en algunas ocasiones pierde claridad y precisión.
Posted at 12:57 pm by JD
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Thursday, October 28, 2004 |
Carta de Luis XV a la condesa Du Barry
Escrita en Mayo de 1769
En vez de esperar hasta mañana, ven esta tarde. Tengo algo que decirte que te agradará. Adiós, créeme que te amo.
Luis
Posted at 10:57 am by JD
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Wednesday, October 27, 2004 |
Palabras infusas, por Esteban Charpentier

Ha sido la belleza esta vez
inexactamente momentánea
Los rieles de la memoria
y las risas del olvido
ya no sucumben a mis llamados
pertinaces
Ocurre como en el tango
ese baile de preguntas
cuando uno improvisa
avatares del tiempo
y recibe lo sencillo
la conmiseración del silencio
versos en las pisadas
Bastarán otros dos pasos entonces
hacia el oeste de tu cuerpo
y una cancelación de suavidades
que el deseo presagiaba
Volver es una metáfora vacía
que se interpone entre nosotros
y la desesperanza
Posted at 11:55 am by JD
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