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Friday, November 26, 2004
Carta de Ana Bolena a Enrique VIII

Señor,

Corresponde solamente a la augusta mente de un gran rey, a quien la naturaleza ha dado un corazón lleno de generosidad hacia mi sexo, compensar con favores tan extraordinarios una conversación ingenua y corta con una muchacha. Inagotable como es el tesoro de generosidad de su majestad, le ruego considerar que pueda no ser suficiente para su generosidad; porque, si usted recompensa tan leve conversación por regalos tan grandes, ¿qué podrá usted hacer por los que están listos consagrar su obediencia entera a sus deseos? Cuán grandes pueden ser los obsequios que he recibido, y la alegría que siento por ser amada por un rey a quien adoro, y a quien con placer sacrificaría mi corazón. Si la fortuna lo ha hecho digno de ofrecerlo, estaré infinitamente agradecida. El mandato de dama de honor de la reina me induce a pensar que su majestad tiene cierta estima por mí, y puesto que mi ocupación me da medios de verle frecuentemente, podré asegurarle por mis propios labios (lo cual haré en la primera oportunidad) que soy la más atenta y obediente sierva de su majestad, sin ninguna reserva

Ana Bolena.
Verano de 1526


Posted at 12:18 pm by JD
 

 
Thursday, November 25, 2004
Una canción de amor, por Else Laske-Schüler


Sobre tus mejillas descansan
palomas doradas.

Pero tu corazón es un torbellino.
Tu sangre corre como mi sangre.

Dulcemente,
junto a los frambuesos.

Oh, cómo pienso en ti...
pregúntalo a la noche.

Nadie puede jugar tan bien
con tus manos.

Ni construir castillos, como yo,
con dedos de oro.

¡Oh, fortalezas de altas torres!
Somos piratas entonces.

Cuando estás conmigo
me siento enriquecida.

Me tomas de tal modo junto a ti
que veo estrellarse tu corazón.

Salamandras irisadas
son tus entrañas.

Estás hecho de oro,
y todos los labios contienen el aliento.


Posted at 12:04 pm by JD
 

 
Wednesday, November 24, 2004
Carta de Francis Scott Key Fitzgerald a Zelda Sayre

Primavera de 1919

Novia mía

Por favor, no te deprimas. Pronto estaremos casados, y entonces estas noches solitarias habrán quedado atrás para siempre. Hasta que lo estemos te estoy amando cada tonto minuto del día y de la noche.
Puede que no lo entiendas, pero algunas veces, cuando más te extraño, más difícil es escribir, y tu siempre sabes cuando me sucede, el dolor de todo, y no puedo contártelo.
Si estuvimos juntos, habrás sentido cuán fuerte es. Tú eres tan dulce cuando estás melancólica. Amo tu triste ternura cuando te he lastimado, esa es una de las causas por las que nunca me arrepiento de nuestras riñas, y ellas te fastidian mucho.
Estas queridas, queridas y pequeñas bullas, en las que siempre trato empecinadamente de besarte y hacerte olvidar.

Scott


Posted at 11:57 am by JD
 

 
Tuesday, November 23, 2004
Movimiento perpetuo, por Juan Daniel Perrotta

Se fueron alejando
de a poco
a empujones
como si hicieran el amor
el anti-amor
Ella se dolía
acusaba una herida
iniciaba un sangrado permanente
El buscaba las palabras que no había
los signos más allá
Ella en realidad quería que fuera suyo
Nada de promesas
sueños
esperanzas
Lo quería entre pechos y entre piernas
como un body
así de ceñido y estrecho
Loa amores no son de manual
Ella lo acercaba-alejaba
El la alejaba-retenía
La danza del movimiento perpetuo
en el escritorio de dios
El amor no termina nunca
-nadie lo cree ni lo sabe-
Los cuerpos
las mentes
reinventan los sentimientos
pero las almas


Posted at 10:53 am by JD
 

 
Monday, November 22, 2004
Robert Schumann a Clara Schumann
 


Qué mañana celestial!
Todas las campanas tañen; el cielo está doradísimo y claro... y frente a mí descansa tu carta.
Te envío mi primer beso, bienamada.









Posted at 10:28 am by JD
 

 
Sunday, November 21, 2004
Reconocimiento del amor, por Carlos Drummond


Amiga, cómo carecen de norte
los caminos de la amistad.
Apareciste para ser el hombro suave
donde se reclina la inquietud del fuerte
(o que ingenuamente se pensaba fuerte).
Traías en los ojos pensativos
la bruma de la renuncia:
no querías la vida plena,
tenías el previo desencanto de las uniones para toda la vida,
no pedías nada,
no reclamabas tu cota de luz.
Y te deslizabas en ritmo gratuito de ronda.
Descansé en ti mi fajo de desencuentros
y de encuentros funestos.
Quería tal vez -sin percibirlo, lo juro-
sádicamente masacrarte
bajo el hierro de culpas y vacilaciones y angustias que dolían
desde la hora del nacimiento,
estigma desde el momento de la concepción
en cierto mes perdido en la Historia,
o más lejos, desde aquel momento intemporal
en que los seres son apenas hipótesis no formuladas
en el caos universal.
¡Cómo nos engañamos huyéndole al amor!
Cómo lo desconocimos, tal vez con recelo de enfrentar
su espada reluciente, su formidable
poder de penetrar la sangre y en ella
imprimir una orquídea de fuego y lágrimas.
Pero, él llegó mansamente y me envolvió
en dulzura y celestes hechizos.
No quemaba, no brillaba, sonreía.
No entendí, tonto que fui, esa sonrisa.
Me herí con mis propias manos, no por el amor
que traías para mí y que tus dedos confirmaban
al juntarse a los míos, en la infantil búsqueda del Otro,
el Otro que yo me suponía, el Otro que te imaginaba,
cuando -por agudeza del amor- sentí que éramos uno sólo.
Amiga, amada, amada amiga, así el amor
disuelve el mezquino deseo de existir de cara al mundo
con la mirada perdida y la ancha ciencia de las cosas.
Ya no enfrentamos al mundo: en él nos diluimos,
y la pura esencia en que nos transmutamos perdona
alegorías, circunstancias, referencias temporales,
imaginaciones oníricas,
el vuelo del Pájaro Azul, la aurora boreal,
las llaves de oro de los sonetos y de los castillos medievales,
todos los engaños de la razón y de la experiencia,
para existir en sí y para sí,
con la rebeldía de cuerpos amantes,
pues ya ni somos nosotros,
somos el número perfecto: Uno.
Tomó su tiempo, yo se, para que el «Yo» renunciase
a la vacuidad de persistir, fijo y solar,
y se confesara jubilosamente vencido,
hasta respirar el más grande júbilo de la integración.
Ahora, amada mía para siempre,
ni mirada tenemos para ver, ni oídos para captar la melodía,
el paisaje, la transparencia de la vida,
perdidos como estamos en la concha ultramarina de mar.


 


Posted at 05:25 pm by JD
 

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