Hola guerrillera, me he comprado una gata. Blanca entera, qué raro. Escribe esta carta conmigo, mientras se revuelve en mi regazo. Está completamente viva, y no me quiere, pero el calor de mi cuerpo le es reconfortante. Hoy hace tanto frío? He puesto la estufa más cerca de mí, junto al ordenador. Aún así los pies se me hielan.
Yo creo que sólo se me calientan para calentar los tuyos. Este bicho que se menea entregándome su ternura me recuerda cuando te hipnotizaba, hablando, y me mirabas con una mal disimulada sonrisa, como dejándote conquistar. Yo me reía y a ti te encantaba. Entonces yo pensaba -no se puede estar más cerca ni tocándote- porque estábamos tan juntos que dolía, y daba miedo. No te lo vas a creer, se ha metido en mi mochila la muy golfa. Debe ser una viajera. Ahora quisiera que tus ojos me miraran como ella, como si acabara de descubrir un planeta. ¿Sabes? No encuentro una referencia ahora, una canción, un día en concreto, ni siquiera un color que cubra tu desnudo. No encuentro nada desde que te fuiste.

Mi cabeza está llena de ti y me duele, no puedo soportar la pena. Todo mi mundo es ahora esta gata blanca que me he comprado, que tampoco me quiere. La casa está llena de ella y ella curiosea, muerde los cables, aún está algo asustada. No hay más ruido que el suyo y la tele, y el frío.
Te echo de menos. Cuando pienso en que serás feliz te echo de menos. Cuando sé que es lo mejor te echo de menos. Malcomiendo, emborrachándome, y cuando hago café, algunas veces me equivoco, algunas veces no he tomado azúcar, tu sólo un poco. Ahora limpio la casa continuamente, incluso hago la cama. Parece como si pusiera flores en una tumba, sé que no te gusto cuando me pongo así. Me estoy curando con el tiempo, tenías razón. Ahora hago planes, tengo mi vida. El otro día estuve aquí con una chica, la besé. Me dan ganas de llorar. Nunca he besado con tanta tristeza. Tal vez un día incluso me enamore, tendré que preguntar si le gustan los gatos. A mí creo que me está dando alergia, ya me lo temía. Como cada día contigo me dolerá cada caricia que le haga, me hará daño. Ahora se ha dormido, de nuevo en mi bolsa azul llena de ropa. Tal vez se acostumbre a mi olor. Ahora firmaría un contrato con esta gata: me comprometería a un amor incondicional. Tal vez me la he comprado sabiendo que no me lo pedirá. Es el atractivo de los gatos. No se quejan nunca, no lloran de dolor. Eso creo. Es el primero que tengo.
Quisiera hacerte el amor aunque fuera pensándote, quisiera enviarte mi abrazo cada día y cerrar los ojos y recorrer tu alma, para encontrar el rastro de la magia que fue. Pero es que esta gata se despierta y muerde cada cosa... quisiera no haberte hecho daño. Haber amado bien, con todo el corazón. Parece que me guardé el cacho roto.
Tengo pastillas para recuperarme aún más rápido. Media para templar un poco.
Una para quererte y resignarme, dos para dormir y no soñar. Pienso que este hermoso animal puede borrar tu nuca y tus labios. Tal vez muera y ya no existan, o serán piezas de otro amor más cuidado. Yo quiero embadurnarme con esta amargura y no dejar que el café vuelva a ser como antes.
Recuerdo más de ti estando así de mal, no quiero ser feliz a costa de perderte. Tal vez pueda acurrucarme en tu regazo, un día frío, cuando llegues a casa y estés triste. Te juro que me será indiferente, solo dejaré que me acaricies, y no haré sino arañar tu ropa con desgana. Te amaré sólo disimuladamente, mi amor no pesará ni un gramo.
Este bicho es en verdad maravilloso. Ahora ha encontrado postura encima de mí. Tu nunca lo hiciste. Tal vez hubiera sido diferente. No la he tratado con especial cuidado.
No he pasado la noche midiendo el peso de mi brazo sobre su cuerpo. Ni he contenido la respiración para dejar inmaculado el aire a su alrededor. Tal vez duerme sin temor a una deuda de cariño, con el descaro de su infame belleza no entregada, libre como yo te hubiera amado más aún.
Sabes que esta casa está lejos de todo. Ahora todo está lejos de ella. Por un momento hay paz y no siento tu ausencia. Te noto aquí más que nunca. En la habitación, dormida o enfadada porque no te he seguido. Ahora voy, mi hermoso amor. Me lavo los dientes y voy. Hoy te contaré una historia hasta que duermas. Ya voy, no seas pesada. Un besito. Aquí. Otro besito. No pasa nada, mi vida, solo es un sueño. Mañana te traeré el desayuno, mañana es sábado. No tienes mala cara, en serio, estás preciosa, estás radiante, como siempre. Te quiero muchísimo, guerrillera, tesoro, te quiero.
Nugal Imerjofen
Carta finalista en el II Concurso Antonio Villalba de Cartas de amor, bajo seudónimo.