Si no tienes tiempo de navegar en los posteos, clickea en los links rápidos a continuación del calendario. Si quieres retroceder más minuciosamente, clickeas en next page, y si no funciona, debes usar el calendario.
Si encuentras problemas por favor avísanos en el contact me.
 Nuevo RSS. 14/12/05
Podcast
Pulsar aquí te lleva a la lista detallada de los podcasts anteriores y sus links.
Cartas famosas
Cartas de amor, históricas, eróticas, listado
Tips o ideas
~ Carta de amor, Introducción, bienvenida, ideas y tips
Poesía
Listado de poemas
Letras de canciones (Lyrics)
Listado de canciones
Prosas
Otelo, argumento
Gabriel García Márquez
Isabel Allende
Neruda
~ 14/02 San Valentín y una historia de amor
~ 02/02 Un Clásico: Poema XV, por Pablo Neruda
~ 06/11 El viento en la isla, por Pablo Neruda
~ 26/09 A Matilde Urrutia, por Pablo Neruda
~ 25/09 Pablo Neruda y Matilde Urrutia
~ 20/09 Oda a la pareja - I, por Pablo Neruda
~ 08/09 Soneto XXV
~ 03/08 Carta de Alicia Urrutia a Pablo Neruda
|
 |
| |
Sunday, December 26, 2004 |
Carta tercera (fragmento), por Gustavo Adolfo Bécquer
 Cuando yo tenía catorce o quince años, y mi alma estaba henchida de deseos sin nombre, de pensamientos puros y de esa esperanza sin límites que es la más preciada joya de la juventud; cuando yo me juzgaba poeta; cuando mi imaginación estaba llena de esas risueñas fábulas del mundo clásico, y Rioja en sus silvas a las flores, Herrera en sus tiernas elegías y todos mis cantores sevillanos, dioses penates de mi especial literatura, me hablaban de continuo del Betis majestuoso, el río de las ninfas, de las náyades y los poetas, que corre al Océano escapándose de un ánfora de cristal, coronado de espadañas y laureles, ¡cuántos días, absorto en la contemplación de mis sueños de niño, fui a sentarme en su ribera, y allí, donde los álamos me protegían con su sombra, daba rienda suelta a mis pensamientos y forjaba una de esas historias imposibles en las que hasta el esqueleto de la muerte se vestía a mis ojos con galas fascinadoras y espléndidas! Yo soñaba entonces una vida independiente y dichosa, semejante a la del pájaro, que nace para cantar y Dios le procura de comer; soñaba esa vida tranquila del poeta que irradia con suave luz de una en otra generación; soñaba que la ciudad que me vio nacer se enorgulleciese con mi nombre, añadiéndolo al brillante catálogo de sus ilustres hijos; y cuando la muerte pusiera un término a mi existencia, me colocasen para dormir el sueño de oro de la inmortalidad a la orilla del Betis, al que yo habría cantado en odas magníficas, y en aquel mismo punto donde iba tantas veces a oír el suave murmullo de sus ondas. Una piedra blanca con una cruz y mi nombre, serían todo el monumento.(...)
...para leer mi nombre, ya borroso por la acción de la humedad y los años, sería preciso descorrer un cortinaje de verdura. Pero ¿para qué leer mi nombre? ¿Quién no sabría que yo descansaba allí? Algún desconocido admirador de mis versos plantaría un laurel que descollando altivo entre los otros árboles, hablase a todos de mi gloria; y ya una mujer enamorada que halló en mis cantares un rasgo de esos extraños fenómenos del amor que sólo las mujeres saben sentir y los poetas descifrar, ya un joven que se sintió inflamado con el sacro fuego que hervía en mi mente, y a quien mis palabras revelaron nuevos mundos de la inteligencia, hasta entonces para él ignotos, o un extranjero que vino a Sevilla llamado por la fama de su belleza y los recuerdos que en ella dejaron sus hijos, echaría una flor sobre mi tumba, contemplándola un instante con tierna emoción, con noble envidia o respetuosa curiosidad; a la mañana, las gotas del rocío resbalarían como lágrimas sobre su superficie.
Después de remontado el Sol, sus rayos la dorarían, penetrando tal vez en la tierra y abrigando con su dulce calor mil huesos. En la tarde y a la hora en que las aguas del Guadalquivir copian temblando el horizonte de fuego, la árabe torre y los muros romanos de mi hermosa ciudad, los que siguen la corriente del río en un ligero bote que deja en pos una inquieta línea de oro, dirían al ver aquel rincón de verdura donde la piedra blanqueada al pie de los árboles: «allí duerme el poeta». Y cuando él gran Betis dilatarse sus riberas hasta los montes; cuando sus alteradas ondas cubriendo el pequeño valle, subiese hasta la mitad del tronco de los álamos, las ninfas que viven ocultas en el fondo de sus palacios, diáfanos y transparentes, vendrían a agruparse alrededor de mi tumba: yo sentiría la frescura y el rumor del agua agitada por sus juegos; sorprendería el secreto de sus misteriosos amores; sentiría tal vez la ligera huella de sus pies de nieve al resbalar sobre el mármol en una danza cadenciosa, oyendo, en fin, como cuando se duerme ligeramente se oyen las palabras y los sonidos de una manera confusa, el armonioso coro de sus voces juveniles y las notas de sus liras de cristal.
Así soñaba yo en aquella época. ¡A tanto y a tan poco se limitaban entonces mis deseos! (...)
Posted at 06:06 pm by JD
Permalink
| |
Saturday, December 25, 2004 |
Muchacha, por Luis Alberto Spinetta
Muchacha ojos de papel,
¿adónde vas? Quédate hasta el alba.
 Muchacha pequeños pies,
no corras más. Quédate hasta el alba.
Sueña un sueño despacito entre mis manos
hasta que por la ventana suba el sol.
Muchacha piel de rayón,
no corras más. Tu tiempo es hoy.
Y no hables más, muchacha
corazón de tiza.
Cuando todo duerma
te robaré un color.
Muchacha voz de gorrión,
¿adonde vas? Quédate hasta el día.
Muchacha pechos de miel,
no corras más. Quédate hasta el día.
Duerme un poco y yo entre tanto construiré
un castillo con tu vientre hasta que el sol,
muchacha, te haga reír
hasta llorar, hasta llorar.
Y no hables más, muchacha
corazón de tiza.
Cuando todo duerma
te robaré un color.
Posted at 04:06 pm by JD
Permalink
| |
Friday, December 24, 2004 |
Las muchachas que ya no, por Esteban Charpentier
Las muchachas que ya no puedo amar
llevan enjambres de peces alborotados en sus mochilas,
tiñen sus cabellos del color de las hojas del ciruelo,
vuelcan collares de almendras en sus camisas,
desvirgan sus orejas
con setas y caracoles hundidos.
Las muchachas que ya no me miran
vuelan con alas de seda de bautismos,
toman lo que quieren de los escaparates
elevándose en un vuelo infinito,
llevan guirnaldas encendidas en la frente,
y una cajita de música por vestido.
Las muchachas que ya no me aman,
me dicen, señor me da permiso ?
tienen un aire tan elemental, tan Blancanieves,
que piden desvestirse con la luz encendida
y muerden las manzanas de a poquito.
Las muchachas que ya no me nada
portan panales pequeños en sus corpiños
y vierten sus primeras mieles escarlatas,
en el trono de un príncipe maldito.
Las muchachas que digo, que ya no conmigo,
llevan entre sus piernas
perlas y animalitos.
Dicen que sí tantas veces,
que enamoran hasta a los grillos
y lanzan por las ventanas
sus desnudos cristalinos.
Las muchachas que ya ni mirar puedo
se sacan el corazón para exhibirlo,
tienen dientes de risa nacarada,
pies de mariposa albina,
boca de azúcar y membrillo.
Las muchachas que ya no puedo amar, ni me aman ,
que ya no me miran, ni miro,
las muchachas que ya no me nada,
que ya no conmigo,
traen la muerte blanca en sus caricias
y yo les acerco la mejilla
en una suerte de suicidio.
Posted at 01:28 pm by JD
Permalink
| |
Thursday, December 23, 2004 |
Pronóstico, por Eyra Harbar

Como gitana le dije
que estaría conmigo
una noche de lluvia,
cuando el relámpago
estallara su candela
entre los bosques
y una carcajada de nube
rompiera su fuente
sobre el mundo.
Y estuvo a tiempo
la fecha y el cuerpo
para el amor.
Posted at 12:25 am by JD
Permalink
| |
Tuesday, December 21, 2004 |
Carta de Enrique VIII a Ana Bolena
Mi amante y amiga:
Mi corazón y yo nos ponemos en sus manos, pidiéndole que los tenga como pretendientes para su buen favor, y que su afecto para  ellos no debe crecer menos con la ausencia. Para eso sería una gran pena aumentar su dolor, puesto que la ausencia lo hace suficientemente, y más que nunca pensé posible recordarnos un tema de la astronomía, que es, cuanto más largos son los días más lejano el sol, pero los más intensos. Es así con nuestro amor, porque con la ausencia nos dividimos, con todo, sin embargo, se preserva el fervor, por lo menos de mi parte, y espero de la tuya también, asegurándole que de mi parte el tedio de la ausencia es ya demasiado para mí: y cuando pienso en el aumento de lo que deberé sufrir, es bien cercano a ser insoportable para mí, como no sea por la esperanza firme que tengo, y como no puedo estar con usted en persona, le estoy enviando la cosa posible más cercana a ésa, a saber, mi pintura fijada en una pulsera, con el mecanismo que usted sabe ya. Deseo estar en su lugar cuando le haga feliz.
Esta de puño y letra por
Su leal servidor y amigo
H. Rex
Posted at 02:35 am by JD
Permalink
| |
Monday, December 20, 2004 |
Haciendo el amor, por Dinos Christianopoulos
Quiero lamer tus manos, quiero lamer tus pies.
El amor gana en la entrega.
No sé que es para tí hacer el amor;
no es sólo una humedad en los labios,
ni un plantío de abrazos en las axilas,
una confusión de quejidos,
una consolación de espasmos.
Es por sobre todo, la confirmación de nuestra soledad
cuando tratamos de echar raíces en un cuerpo muy difícil de habitar.
Eres el primero que me ofrece amor
tu proposición me hunde en la confusión
no estoy hecho para tanta ternura
hasta ahora iba golpeándome la cabeza contra la pared
me había acostumbrado a mendigar migajas
llámalo masoquismo, llámalo como quieras
no estoy hecho para tanta ternura.
Posted at 11:17 am by JD
Permalink
|